jueves, 9 de agosto de 2007

Oda al divorcio


¿Qué haces despierto a estas horas?
¿Comiendo con la mirada pérdida?
Sintiéndote solo e incomprendido.
Sintiéndote perplejo y descolocado.

Sé que ha sido la última discusión,
así lo ha decidido ella.
Ha matado al pez para que deje de morderse la cola,
y en verdad creo que es la mejor opción.

Me dices que no recuerdas bien,
cuando empezó a sonar su voz con ese odio reprimido.
Ni el por qué de ese odio...
¿En qué momento la perdiste?

A dónde se ha ido el amor que sentía por ti...
No es posible que deje de existir así y de esta manera tan descarnada...
¿Por qué esos labios que te besaban, ahora te dicen esas palabras tan difíciles de digerir?

“Necesito tu dinero, y lo sabes, necesito tu coche, no necesito tu cuerpo.
Necesito tu dinero, a ver si te enteras que necesito tu coche,
no necesito ese amor de mierda que me has estado dando hasta ahora,
dáselo a tu puto hermano, dáselo a cualquier zorra con quién te cruces, me da igual.”

Y me dices que ahora quisieras matarla,
hacerla sentir todo tu dolor,
golpearla hasta que sangre,
toda esa rabia que tiene dentro.

Por un momento sonríes mientras despegas la etiqueta del botellín,
Y yo paso de compadecerme de ti a tenerte asco y después miedo.

Qué inestables son las empatías, qué inestables son los sentimientos,
voy a acostarme otra vez, necesito dormir y con suerte olvidar
que no existe aquello que me enseñaron de buenos y malos,
que todos lo somos todo, y que uno decide hacia donde equilibra la balanza.

Me dices que gracias por escucharte... “ha sido un placer”
hubiera preferido no haberlo hecho... “cuenta conmigo para lo que quieras”
y conservar el cariño... “que descanses Raúl”
que ya no te tengo.

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